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Hoy en día la nube de internet me permite acceder a las fotos de mi cuenta en Facebook tanto desde Nueva York como desde Argentona. Y, cómo no, también desde Salamanca o Barcelona. Además, ya no es importante saber desde dónde se provee el servicio. Del mismo modo que no sé qué central eléctrica produce la electricidad que consumo en mi casa. Lo que importa es poder disfrutar del servicio con las garantías de disponibilidad y seguridad de mis fotografías digitalizadas.
Pero en el siglo pasado era diferente, no había esta opción, y era importante decidir entre qué cuatro paredes guardaba mis negativos. Porque aparte de tenerme que desplazar al lugar para consultarlos, debía tratar los negativos con mucho cuidado para minimizar la pérdida de calidad debido al deterioro inevitable del paso de los años. Esto era de especial importancia en los grandes centros de documentación visitados por multitud de investigadores.
Hoy, en el siglo XXI, tenemos la opción de la digitalización para parar el envejecimiento de las imágenes guardadas en los negativos. Esto es lo que ya hacen las grandes instituciones y fundaciones con sus colecciones de negativos. Además, una vez digitalizados ya se puede realizar un acceso remoto a los recursos. Doy por sentado que esto pasará con el archivo Centelles, puesto que la digitalización será obligada para la conservación de las imágenes guardadas en estos ya viejísimos negativos.
Entiendo el valor simbólico de los hechos y respeto las legítimas decisiones de los herederos del archivo Centelles. Pero las explicaciones a la ciudadanía, y me atrevo a pensar que las negociaciones, han estado más en el marco mental del siglo pasado que del nuestro. Obviando cosas capitales como crear un archivo moderno que evite que un investigador de Barcelona tenga que ir a Salamanca o viceversa. O por ejemplo, que parte de este patrimonio sea dado a conocer a las nuevas generaciones en su medio habitual, la nube de internet, para que entren un poco más en la historia de sus abuelos. Estoy seguro de que iniciativas de este tipo serían un gran homenaje a Agustí Centelles. Y quizás nos habríamos ahorrado el espectáculo de la poca colaboración institucional aireada recientemente. Nuestros jóvenes, nuestro futuro, no entienden esta manera de hacer.
J. TORRES